Extremadamente montañosa, la Cordillera Cantábrica llega prácticamente hasta el mar creando una sucesión de acantilados y bonitas playas, con importantes puertos que han favorecido el desarrollo pesquero, naval y minero, actualmente en un cierto declive. El interior es un laberinto de valles salpicados de típicos pueblecitos e iglesias prerrománicas, donde se producen la sidra y el queso de Cabrales.